sábado, 17 de septiembre de 2011


Hay desamores definidos por la ausencia
que  congelan y atenazan los silencios.
Un llanto lento  resbala  frío
acariciando pequeñas nostalgias,
heridas inexistentes de imaginados agravios
de cicatrices blancas  que nunca cierran
Y el pecho lleno de galopes silenciosos,
agitado por presencias intuidas 
en mañanas diáfanas de invierno,
ignora  llamadas quedas de cristal,
que buscan regresar desde el pasado.
Me paseo por pasillos de mil puertas,
saturados de presencias transparentes,
ebrias de historias no pedidas
que gritan sus mudos reproches 
y se miran en espejos empañados,
Me escondo en recovecos inventados,
y me encojo afectando indiferencia

Pero cuando la sombra del olvido
toca leve mi cabeza.
¡como duele  tanta soledad¡

3 comentarios:

Lola dijo...

Uf, los tres últimos versos me han puesto los pelos de punta, Julia.
Muy bonito todo el poema, muy sugerente y con ese toque final que remueve hasta lo más hondo.
Gracias, guapa, y un besazo.

Andromeda dijo...

¡Precioso, Julia! Como dice Lola, sobrecogedor.

Anónimo dijo...

wowww que manera de tocar el alma