
No sé qué aldabonazo te despierta
a la realidad de la nostalgia,
que día percibes que has cruzado
la línea que separa juventud y vejez
No hay zona tibia que limite
las distancias de la edad.
De repente un día te descubres
pensando en la hora que te acecha,
de repente, en un suspiro, te descubres
asustada por un futuro que no existe.
Será que en estos días que la muerte
ronda juguetona y descarada
entre cabeceros familiares,
el equilibrio nos deja su tarjeta de visita
y los miedos, tan profundos,
resurgen de allá dentro
donde quisimos esconderlos,
y el espejo ya no es querido
cuando te devuelve sin piedad
telarañas de gestos y sonrisas tristes.
No sé en qué momento
el mañana ya es ahora.